La Coctelera

El negro

Posteado por: tuko el 10 may En: Buitre - sin comentarios

Este fin de semana he vuelto un poco a las andadas naturalistas y a pesar de estar en época de cría, he ido con un amigo a una zona de buitre negro (Aegypius monachus) con la precaución de no meternos donde suponemos que estos grandes alados tienen sus nidos.  En esta época del año deben estar ocupados por los pequeños, que sin duda a finales del verano ya estarán grandotes y fuertes para emprender su camino en solitario.

La gran caminata de 2 horas hasta el puesto de observación elegido ha merecido la pena a pesar de cargar con el equipo que pesaba lo suyo. Pero el que algo quiere, ya se sabe, le cuesta un poquito de su esfuerzo. Y es que en esto de la fotografía de naturaleza, hay que ser perseverante, y sobre todo insistir hasta conseguir los objetivos que uno se marca. El día había salido ventoso en las alturas y por ello propicio para los juegos aéreos.  Y no estábamos equivocados. Pronto aparecieron varios buitres en lo alto, como a unos 100 metros del suelo. Y también pronto aparecieron varias oleadas de uno o dos ejemplares a más baja altura, que esta vez si, fueron recogidos por nuestras cámaras.

La verdad es que no puedo describir la sensación que me produjo el hecho de tener en la retina esta visión tan esquiva en otras ocasiones. Es como un subidón de adrenalina que te hace apretar el disparador hasta que se llena el buffer y el traqueteo deja de sonar. Las imágenes que luego puedes comprobar en la pantalla de la cámara te confirman que salvo error de enfoque, aquello es lo que estabas buscando.

Y hasta aquí puedo contar. Lo que siguió en esa mañana fue un bocadillo de ibéricos y una cantimplora de agua fresca para reponer fuerzas, y paseo de vuelta a donde habíamos dejado el todo-terreno para volver por las pista de tierra hasta casa.

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Paso de Drake

Posteado por: tuko el 27 abr En: Marina - 1 comentario

4 días con sus 4 noches cuesta atravesar, como mínimo, el pasaje de Drake en un velero de 17 metros de eslora desde que doblas el cabo de Hornos y te adentras en la inmensidad del Atlántico Sur hasta la península antártica. La velocidad en el mejor de los casos es de 5 nudos. ¿Quién no ha oído decir a sus padres que el horizonte es la línea más recta que existe? Yo lo he oído un montón de veces cuando veraneábamos en la playa de mataleñas en Santander y jugaba con la arena construyendo castillos.

¡¡¡¡ MENTIRA !!!!

Todo depende del punto de vista del observador. En la cubierta de un velero en medio del atlántico sur, el horizonte no es una línea, y mucho menos recta. Mires a donde mires, no ves más que olas y olas. Montañas de agua salada por todos los lados. y el barco se amolda a esas montañas como una cáscara de nuez lo hace en una bañera donde un chavalín se lo pasa bomba chapoteando con el agua. Si consigues sobrevivir sin sucumbir al mareo, lo pasas menos mal que el resto.  

Cuando entras en los canales de la península antártica aunque parece que todo ha acabado, no ha hecho más que empezar. Lo que ocurre es que se cambian los papeles. Ya no hay movimientos bruscos del barco, pero las nevadas te pueden sorprender y el frío intenso puede aparecer.  Menos mal que el barco es como tu casa. De echo es tu casa, y más te vale.

La noche es quizá el momento más duro de la vida en el mar. Y si tienes la suerte de estar en medio de una tormenta, entonces te puedes reir de la mejor de las montañas rusas, siempre que veas la luz del amanecer a la mañana siguiente, claro. Por la ventana de la cabina solo se ve un paisaje completamente negro. De repente la ola que viene de frente choca contra la proa y el agua salta por encima de la cubierta. Acabamos de hincar la proa por lo menos un par de metros por debajo de la superficie. No pasa nada, hay que seguir. El barco sale a flote porque es un barco, y se supone que los barcos flotan. Una tormenta se pasa mejor en alta mar que amarrado en una cala. El truco está en sujetar con fuerza el timón para que no te pille por sorpresa. Menos mal que los turnos son solo de 4 horas y pronto nos iremos a dormir.

La mayor parte del tiempo viajamos con el motor de gasoil que nos proporciona unos 5 nudos de velocidad, suficiente para hacer una buena media. Pero cuando se viaja con la vela, el mundo se vuelve del revés. El aire golpea de lado el velamen del barco que, bajo la fuerte presión del viento, se escora hasta inclinaciones insospechadas por mi inexperta visión marinera. Me explicaron que si es muy fuerte el viento, el barco llegaría a inclinarse tanto que llegaría a tener el mástil casi horizontal. En ese momento el aire dejaría de presionar en el velamen, con lo que el barco volvería a su inclinación máxima. Andar en un velero que viaja a vela no es tarea fácil, os lo aseguro. Gracias a esos 4 días con sus 4 noches que pasé como iniciación a la marinería en el atlántico sur, ahora cualquier paseo en el mediterráneo me parecería una tourné sin importancia.

El paisaje en el atlántico sur es monótono. Agua, más agua y un montón de agua por todas partes. Pero suele estar salpicado por albatros revoloteando sin apenas mover sus alas. Son los mejores planeadores que existen, ahorrando así gran cantidad de energía. No se limitan a permanecer cerca de la costa, sino que se les ve también en alta mar. Los delfines si que gustan de estar más cerca de la costa, y tan solo nos acompañaron hasta unas pocas millas de la costa de Cabo de Hornos. También vimos un grupo de ellos cuando a la vuelta nos acercábamos al canal Beagle, a unas 10 ó 15 millas de la isla de los Estados. Una vez dentro del canal Beagle, los pingüinos de magallanes, los cormoranes y diferentes tipos de gaviotas, formaban la fauna típica del canal.

Perdonar por la escasa calidad de algunas de las fotografías, pero en un barco, no valen los trípodes ni las sujecciones a partes fijas (me temo que no las hay). Es un tema pendiente el hacer fotografías de larga exposición en una plataforma móvil. Creo que en el mundo del cine existe un sistema llamado algo así como Steady-cam

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64 Km. a pie

Posteado por: tuko el 25 abr En: Anillo ciclista - 5 comentarios

Todos hemos oído, e incluso cantado, en nuestra infancia la canción belga. Decía algo así como...

Un kilomètre à pied ça use, ça use,
Un kilomètre à pied ça use les souliers.
Deux kilomètres à pied ça use, ça use,
Deux kilomètres à pied ça use les souliers... etc

Y así hasta 64 km, en dos etapas. El fin de semana del 18-19 de Abril he decidido dar la vuelta completa a Madrid. Para ello voy siguiendo el carril bici del anillo verde ciclista que circunda Madrid. La idea surgió dando la vuelta en bicicleta a este anillo una mañana de Domingo de esta primavera. ¿Sería factible hacer este mismo recorrido caminando? Y sin pensarlo mucho decidí hacer el recorrido en dos etapas. La ventaja es que yo salía desde el km 8 y en el 40 está la casa de mis padres, lo que me proporcionó un lugar de descanso y alojamiento. Al día siguiente, realizaría la siguiente etapa.

La previsión meteorológica para el fin de semana era de tiempo estable, con nubes, y alguna precipitación esporádica. Así que decidí ponerme en marcha. Salí el Sábado por la mañana adentrándome en el carril bici por el km 8 y en dirección norte hacia la Nacional I, carretera de Burgos. La mañana estaba agradable y el caminar era fácil. Janfri y yo íbamos caminando a unos 4-5 km. a la hora.

El anillo verde discurre paralelo en algunos momentos a la M-40 que rodea la capital. Cada 2 ó 3 Km. hay áreas de descanso que puedes utilizar para descansar y, en los casos en que no estén estropeadas, para reponer líquido en sus fuentes. No tenía previsto un aprovisionarmiento en ningún bar o restaurante, aunque hay algunos en el camino. En cuanto a la vestimenta era importante ir preparado para las inclemencias del tiempo, y en mi caso se limitó a un paraguas en la mochila. Ir preparado para las rozaduras mediante pantalones tipo malla que van ajustados y no rozan mientras andas, teniendo en cuenta que iba a pasar unas 6 a 8 horas andando para recorrer una distancia de 30 - 35 Km. cada día.

Pero el gran protagonista de esta caminata fue Janfri. Decir que Janfri es un perro Husky Siberiano de 7 años de edad. Su preparación física es excelente. Su capacidad de aguante, asombrosa. Lo único que necesita para mantenerse activo es un poco de agua, en varias ocasiones a lo largo del recorrido. Para esta caminata de dos jornadas había previsto una comida rica en grasas para el final de las dos etapas a base de una lata de cordero y verduras para él.

Voy a indicar aquí un par de fallos que he observado en el recorrido: Las fuentes en general están poco cuidadas y hay un tramo en Aluche donde recorres más de 10 km. sin encontrar ninguna en funcionamiento. Menos mal que llegando al parque del Manzanares tenemos una fuente justo en la entrada. Otro fallo que le veo al circuito es el túnel de la N-IV. Si es indignante pasarlo en bicicleta, no digamos pasarlo andando. Está completamente lleno de fango y no deberíamos permitir que una vía para bicicletas tenga puntos negros como este en su recorrido.

El balance global del recorrido es positivo, sin embargo. Son 64 km. que para un paseo en bicicleta suponen unas 4 horas a una marcha normal, y un par de días para hacerlo a pié. Para mi es realmente muy gratificante haber realizado este recorrido de estas dos maneras.

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De "Madrí" al Cielo

Posteado por: tuko el 15 abr En: Planespotting - sin comentarios

Aunque siempre podríamos tener más eventos aéreos en la capital, bien es cierto que hay no pocos que se pueden aprovechar. Tenemos el museo del Aire en el aeródromo de Cuatro Vientos donde se pueden observar varios modelos de avión que provienen de la historia de la aviación española. Desde el Plus Ultra hasta los modernos cazas del ejército del aire, pasando por una sección de helicópteros variados y algunos de los más antiguos biplanos de madera y tela, réplicas de aquellos que surcaron los aires en los inicios de la conquista del aire por los más intrépidos aviadores españoles de principios del siglo pasado.

A no mucho más de un par de kilómetros de este museo hay otro museo que es algo más interesante. Se trata del que regenta la fundación Infante de Orleans una parcela ajardinada del propio aeródromo de Cuatro Vientos. Allí se dan cita los aficionados a ver volar esas maravillas de la ingeniería aeronáutica de todos los tiempos. El amarillo intenso del North American T-6 surcando el azul del cielo de aeródromo, o el robusto C-45 Beechcraft réplica del que sirvió de attrezo en alguna película de Humphry Bogart. O "el abuelete", un De Havilland DH-60 Moth fabricado en Inglaterra en 1925. Todos ellos en perfecto estado y capaces de realizar vuelos en sus más óptimas condiciones. Y si tienes suerte y el viento no te juega una mala pasada, los podrás ver volar cada primer domingo de mes excepto los meses de Enero y Agosto.

Otra zona que no deberías perderte es la zona de cabecera de pista 33L del aeropuerto de Madrid-Barajas. Por ella entran no pocos de los aviones comerciales que aterrizan en Madrid Barajas en una configuración estándar. De lo que estoy hablando es de un "deporte nacional" llamado planespotting que consiste en retratar con nuestras cámaras de fotos los aparatos en vuelo o en la pista. En España hay muchos aficionados a este noble "deporte". Es una modalidad poco conocida dentro de la fotografía, y sin embargo tiene sus adeptos, os lo aseguro.

Lo que echamos en falta los del Foro es una competición de vuelo acrobático. La copa Red Bull se efectúa en lugares demasiado alejados como para pasar una tarde divertida. Y la patrulla águila del ejércíto español de vuelo acrobático no hace demostraciones en la capital, o al menos no son conocidas. Demandamos más oportunidades para los aficionados.

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Semana Santa manchega

Posteado por: tuko el 13 abr En: Semana Santa - 2 comentarios

Voy a cambiar un poco el contenido del blog y no vamos a hablar solo de naturaleza, sino todo lo contrario. También de fotografía. Las fotografías puramente naturales se quedarán en mi página web www.tuko.es y el resto de imágenes que suelo hacer, en este blog. Creo que pueda ser más dinámico y se presta más a esa mezcolanza que se forma cuando los temas son muy variopintos.

Comenzaremos por unas imágenes de Semana Santa en la localidad manchega de Toledo, en la que pasé dos tardes de esta pasada Semana Santa. A estos sitios me gusta ir siempre sin mucho jaleo de cacharreria, y por tanto las imágenes están tomadas sin flash, sin trípode y sin objetivo. Es broma, el objetivo si lo llevaba. No sin llevarme alguna pequeña bronca de un compañero cámara que se molestó porque estaba en medio de su encuadre (lo siento majete, pero así es la vida del reportero). Al final pude conseguir algunas imágenes bastante interesantes sobre los acontecimientos de la jornada.

 

 

 

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